Un grito de alarma por Europa

Hoy, expulsar a una ciudadana o a un ciudadano europeo de un país miembro de la UE es una realidad que vulnera directamente los principios fundacionales de la Unión, que atenta contra el espíritu que inspiró a sus ideólogos. Sin embargo, son escenas que se repiten con demasiada cotidianeidad sin que nadie ponga freno.

Y yo os pregunto: ¿De verdad que esta es la Europa que queremos? ¿Esta es la Europa que nos merecemos, precaria e injusta? ¿Este es el continente del que sentimos orgullo? Porque os aseguro que yo no. Yo quiero Europa, sí, mucha Europa, creo firmemente en Europa, pero el continente al que yo aspiro y por el que yo trabajo es justo y solidario, es una Europa federal y de cooperación, con mayor integración y con cesión de soberanía por parte de los Estados. Solidaria y tolerante. Para ello, hay que revisar los instrumentos institucionales de la Unión, para hacer que el Parlamento Europeo  legisle, la Comisión (elegida por el parlamento) gobierne y que los Gobiernos de los países funcionen a modo de Senado. No podemos renunciar a nuestro sueño, a una Europa de derecho y democrática, pero también social y federal.

Como decía Jacques Delors, “tengo que rechazar una Europa que no sea más que un mercado, una zona de libre cambio sin alma, sin conciencia, sin voluntad política, sin dimensión social. Si es hacia allí hacia dónde vamos, lanzo un grito de alarma”.  Lamentablemente no es hacia dónde vamos, es donde ya empezamos a estar y desde donde lanzamos este grito de alarma.